El Chancellor
El Chancellor Es ya completamente de día y las sombras comienzan a levantarse. La mirada puede recorrer el horizonte hasta más de tres millas; pero no se ve nada que se parezca a una costa. La línea de rompientes corre al Sudoeste y Nordeste durante una milla. Al Norte divísase una especie de islote de forma irregular; es una caprichosa aglomeración de rocas que sobresale del agua a una distancia de doscientas brazas del sitio en que está encallado el Chancellor y a cincuenta pies de altura. Debe, pues, dominar el nivel de las mareas más altas. Una especie de calzada muy estrecha, pero practicable, en la baja marea, nos permitirá llegar a dicho islote si de ello hubiese necesidad.
Más allá, el mar recobra su color oscuro; allí el agua tiene mucha profundidad; allí termina el escollo.
La situación del buque nos desespera a todos, porque tememos que las rompientes no estén unidas a tierra.
A las siete de la mañana, el día es claro y las brumas han desaparecido completamente. El horizonte se presenta alrededor del Chancellor con nitidez perfecta; pero la línea de agua y la línea del cielo se confunden en la lejanía y el mar ocupa todo el espacio visible.