El Chancellor
El Chancellor ¿Será preferible abandonar inmediatamente el buque y refugiarse en el escollo? El capitán Kurtis se opone a ello, y lo mismo opinan el teniente y el contramaestre. En efecto, con una mar tan mala no es posible sostenerse en estas rocas, ni aun en las más elevadas, que deben ser barridas por las grandes olas, y, por lo tanto, no hay, por el momento, necesidad de arrostrar ese peligro puesto que las probabilidades de que el buque haga explosión han disminuido ya notablemente. El agua ha invadido sin duda la parte de la bodega donde se encuentra el equipaje de Ruby, y, por consiguiente, la caja de picrato. Se decide, pues, permanecer todos en el Chancellor.
Luego, se resuelve preparar en la popa, sobre la toldilla, una especie de campamento y se colocan los colchones, que no se han quemado, para las dos pasajeras. Los hombres de la tripulación que han salvado sus abrigos, los colocan en el castillo de proa, adonde trasladan su alojamiento, puesto que los camarotes han quedado absolutamente inhabitables.

Por fortuna, los desperfectos no han sido grandes en la despensa; se han salvado bastantes vÃveres y los barriles de agua. El almacén de velas de repuesto está igualmente intacto.