El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine Karval, el infame Karval, que acababa de volver a la ciudad, pasaba por la calle al frente de su horda sanguinaria. Su aspecto era horroroso: ebrio, con el traje ensangrentado y el cabello descompuesto, empujaba delante de sí gran número de ancianos, mujeres y niños, procedentes todos de la Vendée y hechos prisioneros después de la gran derrota que había experimentado el ejército realista en la última batalla. Aquellos infelices estaban destinados al cadalso.
Karval iba montado, y toda la chusma de la ciudad le seguía vitoreándole con estrepitosas aclamaciones. Aquel miserable había llegado a ser un personaje importante de la Revolución. Cuando hubo pasado tan ruidosa comitiva, se apartó Kernan de la ventana, y llegando junto a su amo, le dijo en voz baja…
—Teníais razón, señor, no debemos partir hoy.