El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine —Tenéis razón —dijo Trégolan—, aguardad aquà un momento, mientras yo me llego a las primeras casas del lugar vecino, a ver si el miedo ha dejado algún sentimiento de hospitalidad entre los campesinos de Bretaña.
—Id, amigo mÃo, id a ver si podéis salvar por segunda vez a mi hija —repuso el conde juntando las manos en actitud suplicante.
El caballero se encaminó precipitadamente hacÃa el lugar; la noche se habÃa venido encima, y el joven, después de una larga carrera, llegó entre tinieblas a las primeras casas de la población; todas se hallaban cerradas, y ni el menor ruido daba a conocer que estuviesen habitadas; esto no obstante, llamó con precaución a una de ellas; pero viendo que no le contestaban redobló sus golpes… todo inútil, reinaba un silencio sepulcral; ni una sola luz asomaba por los intersticios de las ventanas.