El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine Aquel incidente solÃa repetirse de vez en cuando, y Kernan, que se lo habÃa hecho notar al conde, acabó por interrogar acerca de él al buen Locmaillé.
—¡Ah!… ¿Conque lo habéis visto también?…
—Sà —contestó el conde—. ¿Y decidme, amigo mÃo, podrÃais explicarnos quién es ese infeliz que parece hallarse proscrito de la sociedad de los hombres?
—Ése es el Maldito —dijo el pescador, con aire rencoroso.
—Pero ¿qué Maldito es ése? —preguntó Kernan.
—Yvenat, el jurador.
—¿Quién es ese Yvenat?
—Mejor es que no hablemos de él —contestó Locmaillé, y procuró mudar de conversación.
Nada, pues, pudieron sacar en limpio de las respuestas del pescador, ni Kernan ni su amo; pero algunos dÃas después, hallándose reunidos todos los habitantes de la cabaña en una de las primeras tardes del mes de febrero, el mismo Locmaillé hizo recaer la conversación sobre aquel asunto.