El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine Todos los que se hallaban presentes miraron al conde con admiración; en aquel momento su semblante resplandecÃa con el fuego del entusiasmo.
Pero de improvisto se percibió, en medio del fragor de la tormenta, un rumor sordo e inusitado. Gritos de amenaza humana se mezclaban con los amenazadores rugidos de los desencadenados elementos. Aquel ruido era indescriptible para los huéspedes de Locmaillé; pero el viejo pescador debÃa de saber sin duda lo que significaba, pues levantándose con gran prisa exclamó:
—Bueno. ¡Ya están ahÃ! ¡Ya están ahÃ!
—¿Qué es lo que sucede? —preguntó Kernan; y lanzándose hacia la puerta descorrió el pasador. Una ráfaga de viento empujó ambas hojas con violencia; pero gracias a la gran fuerza del bretón, pudo éste evitar que se abriesen completamente y consiguió cerrarlas de nuevo; mas la rápida ojeada que lanzó al exterior le bastó para ver que a lo largo de la ribera brillaban, en medio de la oscuridad, gran número de teas encendidas, cuyas llamas oscilaban agitadas por el soplo del vendaval.
Al propio tiempo llegaron a su oÃdo gritos amenazadores, que de vez en cuando dominaban el mugido de las olas.
Siniestras escenas iban sin duda a tener lugar aquella noche.