El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine —Perfectamente —exclamó por fin Kernan, que lloraba de alegrÃa—. No hay duda, en todo esto se mezcla la Providencia.
El conde, que al partir habÃa callado el motivo de su ausencia, tampoco lo reveló al regresar. Kernan se persuadió de que el viaje del conde habÃa respondido a asuntos polÃticos y que se relacionaba con algún plan de los realistas; pero no preguntó a su amo sobre tan delicado particular, si bien creyó necesario ponerle al corriente de lo que habÃa pasado en su ausencia entre MarÃa y Henry. Le reveló los amores de los jóvenes, y le refirió cómo la desesperación de MarÃa habÃa arrancado de los labios de Trégolan la declaración de su amor, al cual estaba seguro que correspondÃa su sobrina, y para terminar su confidencia añadió:
—¡Y a fe que no ha habido jamás un hombre más digno de ser amado que él, pero es el caso que si hubiese de verificarse este casamiento, no tendrÃamos sacerdote que lo bendijera!
El conde movió la cabeza, pero no dijo una sola palabra.