El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine El clérigo misterioso
En efecto, la falta casi absoluta de clérigos en el departamento había suspendido necesariamente el ejercicio práctico de la religión católica; la población del campo especialmente sufría mucho por tal estado de cosas; y, sin embargo, antes de reconocer a los sacerdotes juramentados, prefería encerrarse en sus casas y huía de las iglesias, así es que los niños nacían sin recibir el agua del bautismo, los enfermos morían sin sacramentos, los casamientos no podían celebrarse religiosa ni aun civilmente, pues el trastorno en que se hallaban todas las instituciones sociales establecidas por leyes seculares impedía la instalación de las oficinas del registro civil.
Sin embargo, en el último tercio del mes de abril se produjo un cambio singular en los campos de aquella parte de Finisterre, y en el radio de algunas leguas alrededor de Douarnenez.
De improviso se supo que había llegado un sacerdote al distrito, arrostrando mil peligros, con el propósito de cumplir una santa misión, ejerciendo su sagrado ministerio; la nueva no tardó mucho tiempo en llegar a noticia de todos los fieles.
