El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine Kernan reconoció a Karval; pero a un grito del conde, empujó la barca refugiándose en la parte más oscura de la gruta; mas a pesar de su rápida maniobra, Karval reconoció a MarÃa con gran sorpresa suya, pues la creÃa muerta, y la hizo buscar escrupulosamente cuando se disipó el humo de los disparos que oscurecÃa el espacio.
Pero Kernan no habÃa vacilado en internarse en una de las cavidades más profundas de la gruta, aun a riesgo de morir asfixiado con sus compañeros, y las pesquisas que hacÃa Karval blasfemando eran inútiles.
—¡Nada!… ¡Nada!… —exclamó—. ¡La hija se escapa!… Pero, cómo es esto: ¿no fue guillotinada en Quimper?… ¿Por dónde pudo huir?…
Haciendo estas reflexiones, mandó remar hacia fuera de la gruta.
Los pescadores que pudieron ganar la playa huyeron en distintas direcciones; Karval no pudo hallar nuevas vÃctimas en quienes cebar su saña, y hubo de contentarse con la detención del conde, a quien mandó conducir al bergantÃn, en el cual se embarcó de nuevo, internándose en el mar en dirección a Brest.