El conde de Chanteleine

El conde de Chanteleine

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entre tanto la situación de Kernan y sus amigos era terrible y no podía prolongarse un minuto más: María se había desmayado; Henry empezaba a asfixiarse; él mismo se sentía desfallecer; pero haciendo un esfuerzo supremo, en cuanto dejó de oír ruido, salió de la gruta, y se apresuró a huir de aquel peligroso refugio.

En cuanto salió al aire libre, hizo volver en sí a María de su desmayo, bañándole el rostro con agua.

—¡Vive, vive!… —exclamó el caballero.

—¡Padre!… —murmuró María.

Henry no respondió, y Kernan hizo un gesto terrible de amenaza que revelaba su cólera, exclamando con acento fatídico:

—¡Ah, Karval, yo te mataré!…

Y dejando a María al cuidado de Henry, cuya unión aún no había sido bendecida, se arrojó al mar, nadando vigorosamente, y cuando ya no vio el bergantín de los republicanos, saltó sobre la playa, en cuya arena halló tendidos algunos cadáveres de cuyas heridas brotaba aún la sangre; subió con pie firme a lo más elevado de las rocas, juntándose allí con algunos marineros que huían despavoridos.

—Decidme —les preguntó—, ¿dónde se hallan los azules?

—¡Allí! —le contestaron señalándole con el dedo el bergantín que en aquel momento doblaba el cabo de la Cabra.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker