El conde de Chanteleine
El conde de Chanteleine En aquel momento tuvo lugar una escena desconsoladora: aquel miserable que tantos crímenes había cometido sintió renacer en su alma los recuerdos de su infancia: horribles remordimientos se apoderaron de su conciencia; cayó de rodillas vertiendo un mar de lágrimas y confesó con labios balbucientes todos sus delitos. Pero ni su actitud ni sus palabras despertaban la compasión de Kernan.
El clérigo temblaba estremecido y apenas comprendía las entrecortadas palabras del penitente. No pudiendo prolongar por más tiempo aquella terrible situación que le desgarraba el alma, tras una breve fórmula dio su absolución al condenado a morir y huyó de aquel sitio sin volver la cara atrás.
Apenas había desaparecido por el ángulo del camino hondo, cuando un grito siniestro resonó en el aire… el clérigo vio a lo lejos un hombre que llevando a otro sobre sus hombros subía a lo más alto de una roca saliente, que parecía asomarse a mirar el océano… al llegar a su borde aquel ser fatídico, levantó sobre su cabeza la carga que llevaba y arrojó un cadáver en las negras aguas de la profunda bahía.
