El faro del fin del mundo
El faro del fin del mundo —Y los trabajos han terminado en muy buena época.
—SĂ, y no hay miedo que nuestra isla, se vaya a fondo con su faro.
—Seguramente, Vázquez; cuando el “aviso” vuelva con el relevo, encontrará la Isla en el mismo sitio.
—Y a nosotros en ella —dijo Vázquez frotándose las manos, despuĂ©s de lanzar una bocanada de humo—. Ya ves, buen mozo, que no estamos a bordo de un barco al que la borrasca zarandea; y si es un barco, está sĂłlidamente anclado a la cola de AmĂ©rica... Convengo en que estos parajes no tienen nada de buenos; que la triste reputaciĂłn de los mares del cabo de Hornos está bien justificada y que los naufragios menudean... Pero todo esto va a cambiar, Felipe: AquĂ tienes la Isla de los Estados con su faro, que todos los huracanes no lograrĂan apagar. Los barcos lo verán a tiempo para rectificar su ruta, y guiándose por su claridad se librarán de caer en las rocas del cabo San Juan, de la punta Diegos o de la punta Fallows, aun en las noches más obscuras... Nosotros somos los encargados de mantener el fuego, y lo mantendremos...