El Rayo verde

El Rayo verde

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Rápida y fácilmente organizaron la vida en común. Las comidas las hacían juntos en la sala-comedor de la posada. Siguiendo la antigua costumbre, la señora Bess y Partridge se sentaron en la mesa de sus dueños. Quizá Aristobulus Ursiclos no disimuló su sorpresa, pero Olivier Sinclair no encontró nada que decir. Además, ya había empezado a tomar cariño a aquellos dos sirvientes, que le correspondían también con afecto.

Toda la familia vivía según el antiguo modo escocés, con toda simplicidad. Después de pasearse por la isla, después de conversar sobre cosas de tiempos lejanos, evocaciones que Aristobulus Ursiclos no olvidaba nunca enriquecer con sus inoportunidades, se reunían para comer al mediodía y para cenar a las ocho de la noche. Luego, la señorita Campbell se iba a contemplar la puesta del sol, hiciera el tiempo que hiciera, aunque estuviera nublado. ¡Quién sabe! ¡Podían abrirse las nubes por casualidad y dejar pasar el Rayo Verde!







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