El tio Robinson

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Esta instalación, tan importante, había llevado cierto tiempo. Pronto los niños gritaron de hambre. Se les había juntado el apetito en la larga travesía matinal. Marc fue hasta el lago a buscar un hervidor de agua dulce y la señora Clifton preparó rápidamente una especie de puchero con la carne del carpincho, que restauró a toda la colonia.

Después de la comida, Flip consideró conveniente dedicar el día a completar la provisión de combustible. La distancia era bastante grande desde el campamento al límite del bosque y esta vez no estaba el río para hacer «flotar» las armadías. Pero grandes y chicos, todos se entregaron, en la medida de sus fuerzas, a esta importante tarea. La leña seca abundaba. Los leñadores no tenían dificultad en atarla en haces y hasta la noche los niños, guiados y estimulados por Flip, no pararon de transportar ese combustible vital. Toda la leña fue puesta en un lugar seco en un rincón de la amplia gruta, y Flip calculó que esta nueva provisión podría durar tres días y tres noches, a condición de no avivar demasiado el fuego.





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