El tio Robinson
El tio Robinson La señora Clifton, al ver a sus hijos entregados a esa laboriosa y cansadora ocupación, pensó en prepararles una cena reconfortante. Sacrificó por lo tanto uno de los cuatro jamones que quería ahumar. Ese jamón, cocido como una pierna ante una llama chisporroteante, fue devorado hasta los huesos. Maese Flip resolvió consagrar el día siguiente unas horas a la caza y a la pesca, para reconstituir la fiambrera a su estado normal.
A las ocho de la noche toda la colonia estaba acostada y dormida, con excepción de Flip que mantenía afuera el fuego encendido. A medianoche, el joven Marc vino a reemplazarlo. La noche era bella y fresca y hacia las diez, la luna, ya menguante, se elevaba detrás de la montaña y cubría todo el océano con su luz mortecina.