El tio Robinson
El tio Robinson —¡Espárragos de treinta pies! —se asombró Robert.
—¿Y eran verdaderamente ricos?
—Excelentes —contestó Flip, imperturbable.
—Sólo que, para serle sincero, no eran bambúes de treinta pies sino brotes nuevos de bambú. Sepa usted, señor Robert, que la pulpa de los tallos nuevos, conservada en vinagre, proporciona un condimento muy apreciado. Además, esos bambúes, apropiados para todo tipo de usos domésticos, producen una sustancia lÃquida azucarada que rezuma entre sus nudos y cuyo agradable sabor apreciarÃa mucho la señorita Belle.
—¿Y qué otra cosa se puede hacer con este valioso vegetal? —preguntó Marc.
—Con su corteza cortada en listones flexibles, señor Marc, se hacen cestos y canastas. La corteza, macerada y convertida en masa sirve para hacer papel de China. Según su grosor, con los tallos se hacen bastones, tubos de pipa. TuberÃas para el agua. Los bambúes más grandes proveen excelentes materiales de construcción, livianos y sólidos, y que nunca son atacados por los insectos. En fin, los emplearemos para eso, haremos con ellos recipientes de diferentes capacidades.
—¿Recipientes? ¿Cómo? —preguntó Robert.