El tio Robinson

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—Se serrucha entre los nudos de los bambúes el largo que se quiera y se usa como fondo la porción de la tastana transversal que forma el nudo; de este modo se obtienen unos recipientes sólidos y prácticos que son muy usados por los chinos.

—¡Qué contenta se pondrá mamá —dijo Marc— que ha tenido que arreglárselas sólo con un pobre hervidor!

—Y bien, mis amigos —dijo Flip—, es inútil cargar ahora con esos bambúes. A nuestro regreso pasaremos por aquí y haremos nuestra cosecha. Vamos.

La marcha a través de las colinas fue retomada y los cazadores, siempre en ascenso, percibieron pronto el deslumbrante mar por encima de la caprichosa línea de las dunas. Desde ese punto elevado se distinguía nítidamente también el extremo del acantilado del que una cavidad servía ahora de vivienda a la familia.

Las miradas de los niños se dirigieron ávidamente hacia ese lado. Pero a esa distancia de cinco millas y a través de la cortina de árboles, no se podía ver con exactitud el lugar donde estaba el campamento.

—No —dijo Marc—, no se puede ver la gruta en la que nuestra madre, Jack y Belle están en este momento guarecidos. Pero, mira, Robert, ¿no llegas a distinguir ese hilito de humo azul que se eleva por encima de los árboles? Es una señal de que todo anda bien por allá abajo ¿no es así?


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