El tio Robinson
El tio Robinson La exploración fue continua durante una media hora, pero los conejos u otros representantes de la tribu de los roedores se habían esfumado. Sin embargo, a falta del reino animal, un naturalista habría tenido la ocasión de estudiar algunos especímenes raros del reino vegetal. Marc, bastante aficionado a la historia natural y a la botánica observó ciertas plantas que podían ser utilizadas en una casa. Entre otras, reconoció diversas plantas de monardas[30] dídimas como se las conoce en América septentrional bajo el nombre de té de Oswego, cuyo gusto agradable recordaba Marc por haberlas tomado en infusión. Recogió cierta cantidad, así como brotes de albahaca, romero, melisa, betónica[31] y otras, que poseen propiedades terapéuticas, unas expectorantes, astringentes, febrífugas, las otras antiespasmódicas o antirreumáticas. Esas praderas habrían hecho la fortuna de un farmacéutico.
No obstante, como ningún miembro de la pequeña colonia tenía ganas de estar enfermo, Flip, sin preocuparse demasiado de esos recursos medicinales, los pasó por alto, y pronto le llamó la atención un llamado de Robert, quien se había adelantado unos cincuenta pasos.
Flip se apresuró para llegar hasta el joven, y comprendió que sus presentimientos no lo habían engañado. Se encontraba delante de una especie de montículo de arena, perforado como un colador. Tenía cientos de agujeros.