El tio Robinson

El tio Robinson

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Conejeras! —decía Robert.

—¡Sí! —confirmó Flip.

—¿Están habitadas?

—Ése es el punto —respondió el marino.

La cuestión no tardó en resolverse. Casi de inmediato unas bandas de animales pequeños, semejantes a conejos, huyeron en todas direcciones, con una rapidez tal que no se podía pretender seguirlos. Marc y Robert hubieran podido correr, saltar, que esos roedores se les habrían escapado fácilmente. Pero Flip estaba muy decidido a no abandonar el sitio hasta no haberse apoderado al menos de una media docena de esos animales. Quería en primer lugar abastecer con ellos su fiambrera, para domesticar a los que agarraría más tarde. Pero cuando vio que Marc y Robert regresaban extenuados y con las manos vacías, los convenció de que como era imposible agarrarlos corriendo, había que tratar de hacerlo en la madriguera. Con unos lazos tendidos en el orificio de las conejeras, la operación habría tenido seguramente éxito, pero no tenían lazos ni con qué fabricarlos y eso complicaba el problema. Hubo que resignarse entonces a visitar cada madriguera, hurgarla con el bastón, y hacer, en fin, con paciencia, lo que no se podía hacer de otro modo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker