El tio Robinson
El tio Robinson Robert, no queriendo dejar escapar su presa, se extendió sobre el suelo cenagoso y, a pesar de los gritos de Flip, se deslizó hacia el pájaro y lo capturó. Pero el suelo estaba tan empapado que poco a poco se hundió. Tuvo felizmente la presencia de espíritu de atravesar su bastón y luego, jalándose de unas matas, logró salir del pantano, es cierto que a costa de su ropa, cuyo color desaparecía bajo una capa de barro negro.
Estaba triunfante y no le preocupaban demasiado las reprimendas de Flip; ni el peligro que acababa de correr, ni el deterioro de su ropa que era tan difícil de reemplazar, le inspiraban ningún remordimiento.
—¡Tengo mi pájaro! ¡Tengo mi pájaro! —exclamaba haciendo gestos.
—No es una razón —replicó Flip—. Además, ¿qué es su pájaro? ¿Al menos se puede comer?
—¿Qué si se puede comer? —respondió Robert.
—¡Quisiera ver quién se atreve a considerarlo malo!