El tio Robinson
El tio Robinson Marc volvió sobre sus pasos siguiendo el acantilado y Flip se dirigió por la costa, hacia la desembocadura del rÃo, que pronto alcanzó. Allà encontró las huellas del primer campamento, y las frÃas cenizas de los hogares apagados. Ni una sola brasa, ni una sola chispa; al mirar el lugar donde el bote habÃa atracado en tierra, Flip no pudo reprimir un suspiro. Su corazón habÃa estado entonces lleno de esperanza, y ¡ahora…!
—¡Si al menos estuviera solo! —pensaba—. ¡Pero una madre, niños, en esta tierra perdida!
Flip remontó la margen derecha del rÃo. Calculaba pasarlo a nado. Un nadador como él no se arredraba ante algo tan fácil. Siguió por la orilla y advirtió, sobre la margen opuesta del rÃo, donde la roca se hundÃa muy verticalmente en el agua, una fisura que podÃa servirle para llegar más fácilmente a la cima del acantilado. Su plan era seguir ese acantilado prominente que tenÃa la ventaja de destacarse sobre el mar, permitirle observar de un lado el océano y del otro las llanuras que confinaban con esa parte de la costa.