El tio Robinson
El tio Robinson ¡Qué encuentro! ¡Qué casualidad, o mejor dicho, qué intervención de la Providencia! ¡Qué cambio en la situación de la familia Clifton! ¡Un padre, un esposo les era devuelto! Qué importaba su desamparo, su miseria presente. ¡Ella ahora podría mirar de frente el futuro!
Flip no había llegado a tener ni un instante el pensamiento de que ese cuerpo tendido en la arena podía no ser más que un cadáver. Se había precipitado hacia él. El rostro de Harry Clifton vuelto hacia el cielo, estaba pálido, los ojos cerrados, la boca entreabierta, la lengua hinchada entre los dientes. Su cuerpo, con los brazos extendidos, estaba completamente inmóvil. Su ropa, manchada de barro, tenía huellas de violencia. Cerca del cuerpo del ingeniero, Flip vio una vieja pistola de piedra[42], un cuchillo desenvainado y una hacha de abordaje.
Flip se inclinó sobre el infortunado y apartó sus ropas: el cuerpo estaba caliente. El ingeniero había adelgazado enormemente a causa de las privaciones y el sufrimiento. Flip levantó su cabeza y vio entonces en el cráneo una ancha herida cubierta por un espeso coágulo de sangre.
Flip acercó su oreja al pecho del herido y escuchó.
—¡Respira! ¡Todavía respira! Lo salvaré. ¡Agua! ¡Agua!