El tio Robinson
El tio Robinson —¡No hable, no hable! —le repetÃa Flip—. No tengo urgencia de saber lo que sucedió. Más tarde nos lo contará. Lo importante es que esté aquÃ, y gracias a Dios, ¡está aquÃ!, —y, acercándose a su oÃdo:
—¿Usted me escucha bien, señor Clifton? Harry Clifton guiñó un ojo afirmativamente.
—Escúcheme, entonces. La noche se acerca, pero será apacible, a juzgar por el aspecto del cielo. Si usted hubiera estado lo bastante fuerte como para dar unos pasos, habrÃamos partido juntos y sólo habrÃa tenido que cargarlo una o dos millas. ¡Pero a causa de las sinuosidades de la costa, nos separan cuatro leguas del campamento donde están su esposa y sus hijos! ¡Sanos y salvos, se lo repito! ¡Qué valiente mujer la suya, qué hijos tan valerosos!
El herido agradeció a Flip con una mirada. Escuchar hablar asà de quienes amaba tanto le devolvÃa la vida.