El tio Robinson
El tio Robinson —Usted tiene razón, Harry —respondÃa el capitán—. ¡Yo tampoco veo otro medio de impedir que este miserable nos haga daño más que metiéndole una bala en la cabeza! Y si continúa, Harry, ¡estoy dispuesto a hacerlo! ¡Ah! ¡Si no tuviéramos el viento y las corrientes en contra!
En efecto, el viento que soplaba impetuoso seguÃa manteniendo al Vankouver fuera de su ruta. El navÃo se sacudÃa con violencia. La señora Clifton y sus dos hijos más pequeños no abandonaban la toldilla. Harry Clifton no habÃa juzgado conveniente informar a su esposa acerca de lo que sucedÃa a bordo para no preocuparla sin necesidad.
El mar estaba tan embravecido y el viento era tan fuerte que el Vankouver tuvo que capear[5] bajo su trinquetilla [6] y sus dos gavias[7] hasta el ojal de abajo. Durante el 21, el 22 y el 23 de marzo no fue posible llevar a cabo ninguna observación. El sol estaba velado por espesas nubes y el capitán Harrisson ya no sabÃa hasta qué punto del PacÃfico Norte el huracán habÃa empujado a su navÃo. Una nueva preocupación que se sumaba a las que ya lo agobiaban.