El tio Robinson

El tio Robinson

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—Les rogaremos, señor, ¡no se preocupe! Cúrese en primer lugar, y todo irá bien.

Durante esa jornada, Jack dio un golpe maestro. Valiéndose de una fibra de coco y de un pedazo de trapo hizo una pesca milagrosa de ranas en los herbazales del lago. Estos batracios pertenecían a ese género impropiamente llamado sapo pardo; en realidad se trataba de verdaderas ranas, excelentes para comer. Con esa carne blanca y liviana que contiene mucha gelatina, ¡qué buen caldo habrían hecho para Harry Clifton! La pesca de Jack no pudo ser utilizada, pero el tío Robinson no por eso dejó de felicitarlo calurosamente por su habilidad.

Al día siguiente, viernes, después de una noche bastante buena, el ingeniero se sintió más fuerte; su herida se cicatrizaba muy bien. No obstante, por consejos del tío Robinson y de la señora Clifton, aceptó quedarse acostado ese día, pero con la decisión de dar su primer paseo al día siguiente por los alrededores de la gruta.





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