El tio Robinson

El tio Robinson

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Muy buena, se lo digo yo, señor Marc! ¡Nos salvó!

Marc no entendía la satisfacción del tío, pero se explicó el contento cuando, al entrar en la gruta, escuchó que Flip le decía a su padre con un tono de decepción:

—¡Ah!, señor ingeniero, ¡qué tiempo! ¡Qué viento! ¡Qué lluvia! ¡No es posible mantener el fuego! ¡Otra vez se apagó!

—¡Y bien, mi amigo! —respondió Clifton—, no es tan grande el desastre. ¡Volveremos a encenderlo cuando acabe la tormenta!

—Sin duda, señor, sin duda, lo volveremos a encender, ¡no es eso lo que me preocupa! ¡Es por usted, señor Clifton, que me aflige este contratiempo!

—¿Por mí? —preguntó el ingeniero.

—¡Sí! Iba a prepararle un excelente caldo de ranas cuando todas mis brasas desaparecieron.

—¿Qué podemos hacer, Tío? Me conformaré.

—¡Es también culpa mía! —repetía el tío, que exageraba tal vez demasiado su honesta mentira—. ¡Es culpa mía! ¿Por qué no hice ayer ese maldito caldo, cuando mi fuego chisporroteaba? ¡Qué hermoso fuego, con tanta llama! ¡Y usted tendría ahora ese excelente brebaje, que le haría tanto bien!

—No se aflija, Tío. Esperaré otro día. Pero mi mujer, mis hijos ¿cómo van a preparar su comida?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker