El tio Robinson
El tio Robinson —SÃ, respondió el ingeniero: pero supongamos que su fuego se vuelva a encender por ese rayo tan problemático, ¿no estarÃa siempre a la merced de la primer borrasca? ¿No intentaron ustedes prender el fuego frotando dos pedazos de madera?
—Sà —dijo Robert— pero no lo logramos.
—¡Si hubiésemos tenido al menos una lente! —agregó Marc.
—Podemos reemplazar la lente —dijo Harry Clifton—, por dos vidrios de reloj, entre los que se pone un poco de agua.
—Muy atinado, señor Clifton —respondió el tÃo—, pero usted tiene un reloj y nosotros no.
—También podemos —siguió Clifton— calentar el agua hasta el punto de ebullición agitándola rápidamente en un recipiente cerrado.
—Excelente medio para hervir, pero no para asar. Vea usted, señor, todos esos medios no son probados, y la única esperanza que tengo es encontrar una especie de hongo que reemplace la yesca.
—Pero un trapo quemado puede servir de yesca.
—Ya lo sé —respondió Flip—, pero digo al señor Clifton que para hacer trapo quemado primero hay que tener fuego…
—¡Hay un medio mucho más simple que todo eso! —respondió Clifton.