El tio Robinson
El tio Robinson Harry Clifton llamó a sus hijos, Robert y Jack. Les mostró la masa en movimiento y les preguntó qué era. Uno dijo: es un monstruo marino, el otro: es un enorme tronco a la deriva. La masa entretanto se acercaba y pronto fue indudable que se trataba de una armadÃa conducida por hombres.
Y de pronto, Robert gritó:
—¡Pero si son ellos! ¡Marc y el tÃo Robinson!
El joven no se equivocaba. Su hermano y el marino habÃan construido una balsa con los troncos que habÃan volteado y la conducÃan hacia el ángulo del lago más cerca de la gruta. En una media hora deberÃan atracar.
—¡Vamos Jack —dijo el señor Clifton—, corre a avisarle a tu madre que ya llegamos…!
Jack miró hacia el acantilado. La distancia le parecÃa un poco larga. Y después, ¡atravesar esa cortina de grandes árboles! En fin, vacilaba.
—¿Tienes miedo? —le preguntó Robert burlándose.
—¡Oh, Jack! —dijo el padre.
—¡Iré yo, entonces! —dijo Robert.
—¡No! —le dijo su padre—. Marc y el tÃo necesitarán que los ayudes.
Jack miraba sin decir nada.