El tio Robinson
El tio Robinson Después, la familia volvió a la gruta, la señora Clifton del brazo de su marido, el tío conversando con Marc y Robert, Jack y Belle juntando conchas o guijarros. Pasaron cerca del parque de ostras cuya reserva había que rehacer. Se habría dicho unos buenos burgueses paseando por su parque. En la noche, Marc y el tío Robinson velaron cuidando el fuego, obligación que hacía muy urgente el descubrimiento de algún hongo inflamable.
Al día siguiente, Clifton y el tío trazaron la línea que debían formar las estacas de la empalizada delante de la gruta. Las primeras tenían su punto de apoyo sobre la pared misma del acantilado. Se lograba así una especie de patio semicircular que sería ventajosamente utilizado para diversas necesidades domésticas. Una vez determinada la línea, el tío se ocupó de cavar los agujeros, operación que se pudo hacer fácilmente en ese suelo arenoso. Este trabajo duró hasta el mediodía.
Después de la comida, Clifton, Marc y el marino fueron hasta ese lugar en el borde del lago donde habían sido depositados los troncos. Allí había que cortarlos dándoles el grosor y el largo que más convenía para su uso.