El tio Robinson

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Capítulo 18

Una vez que hubieron concluido esos trabajos, fue necesario ocuparse de renovar toda clase de reservas. Ni qué decir que el señor Clifton había recuperado sus fuerzas. Su herida, completamente cicatrizada, ya no le dolía. Toda su energía, todo su talento habría de emplearlos en el bienestar de su pequeña colonia.

Era el martes 7 de mayo. Después del desayuno, mientras los niños pescaban y sacaban huevos de los nidos, explorando la playa y el acantilado, Harry Clifton y el tío Robinson se dirigieron en bote hacia el banco de ostras. El mar estaba hermoso y el viento era bueno, venía de tierra. La travesía se hizo sin percances. Clifton observó con atención toda esa parte de la costa. Le impresionó su carácter salvaje. Ese suelo abrupto, erizado de enormes rocas, evidentemente debía su conformación a la expansión de fuerzas plutónicas. El ingeniero, muy versado en ciencias naturales, no podía equivocarse al respecto. Cuando el tío y él hubieron alcanzado el banco de moluscos, comenzaron su cosecha y pronto la embarcación completó su carga. Esta reserva de ostras era verdaderamente inagotable.



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