El tio Robinson

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El día siguiente, miércoles 8 de mayo, fue empleado en hacer diversos trabajos. Se renovó la provisión de leña, se hizo una visita a la conejera donde algunos conejos fueron hábilmente cazados con flechas. Ese día la señora Clifton reclamó una buena provisión de sal, pues tenía la intención de salar su reserva de carne, que se había incrementado con dos carpinchos. Marc y su padre fueron a recoger en los hoyos de las rocas la sal que el mar depositaba allí por evaporación, y trajeron varias libras de esa sustancia indispensable, el único mineral de su alimentación. La señora Clifton agradeció a su marido, y le preguntó, además, si creía poder conseguir un jabón cualquiera para lavar. Clifton le respondió que ciertos vegetales podían reemplazar ventajosamente el producto de las mejores jabonerías, y que esperaba hallarlos en esos bosques inagotables. Por otro lado, convinieron en que la ropa de la pequeña colonia sería cuidada al máximo. Sin imitar abiertamente a los salvajes, podían vestirse ligeramente en la temporada cálida para ahorrar ropa hasta el momento en que el tío Robinson hubiera encontrado el medio de reemplazarla.





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