El tio Robinson
El tio Robinson ¡Ah! ¡El querido niño! El tÃo lo tomó en sus brazos y lo llevó corriendo a donde estaba su madre. Cuando supieron la respuesta del niño, cuando entendieron que trataba de hacerse el valiente, ¿quién hubiera podido reñirlo? Lo abrazaron, lo besaron todos, y habiendo arreglado los turnos para velar el fuego, fueron a acostarse.
El dÃa siguiente, 9 de mayo, un jueves, se hicieron los preparativos para la excursión que habÃan planeado. Harry Clifton, sus tres hijos varones y el tÃo se embarcaron en el bote a fin de dar primero la vuelta al islote. Atravesaron el canal y la exploración comenzó. La parte del islote opuesta a la costa presentaba una ribera de rocas muy escarpada, pero cuando hubieron doblado la punta norte, el ingeniero observó que su costa occidental estaba sembrada de escollos. El islote medÃa alrededor de una milla y media de largo y un cuarto de milla cuanto más en su parte sur, que era su parte más ancha; terminaba en punta al norte y parecÃa una bolsa de perdigones para cazadores.
Los exploradores tocaron tierra en el extremo meridional del islote. Primero hicieron levantar vuelo a una inmensa bandada de pájaros, principalmente del género de las gaviotas. Eran de las que anidan en la arena y en las hendiduras de las rocas. Clifton reconoció en especial a unas gaviotas con la cola en punta. Ese mundo alado huyó a todo vuelo hacia alta mar y desapareció.