El tio Robinson
El tio Robinson —¡Ah! —dijo Clifton—. Esos pájaros evidentemente saben lo que tienen que temer ante la presencia del hombre.
—Nos imaginan mejor armados de lo que estamos —respondió el tÃo—, pero he aquà otros que no huirán y con razón.
Los animales que el tÃo designaba de ese modo, fuertes representantes de la ramificación de las aves, eran de los que se zambullen, del tamaño de un ganso, cuyas alas desprovistas de plumas no sirven para volar.
—¡Qué animales torpes y desmañados! —exclamó Robert.
—Son pingüinos[46] —respondió Clifton—, es decir «grasos», y éstos justifican bien su nombre…
—Bueno —dijo Marc—, van a probar ahora la potencia de nuestras flechas.
—Inútil afilar nuestra púas de erizo —respondió el tÃo—. Estos pájaros son bobos y nuestros bastones cumplirán ese objetivo fácilmente.
—No son comestibles —dijo el padre.
—De acuerdo —replicó el tÃo—, pero son depósitos de grasa, y su grasa puede servirnos. No hay que desdeñarla.