El tio Robinson
El tio Robinson Las focas eran relativamente pequeñas: no sobrepasaban el metro y medio de largo. Su cabeza parecía la de un perro. El tío y Marc fueron a buscar el bote, cargaron las focas, y la embarcación, atravesando el canal, encalló suavemente al pie del acantilado.
Fue una operación bastante difícil preparar esas pieles de focas. No obstante, el tío se puso manos a la obra y salió del paso con mucha habilidad. Esas pieles sólo debían ser utilizadas para la fabricación de ropa de invierno; pero eso no bastaba. El tío tenía la idea de ofrecer a la señora Clifton una piel de oso para pasar el invierno. Aunque el oso no aparecía, él no perdía las esperanzas de encontrarlo. Por lo demás, no le había dicho nada a nadie. Quería actuar en secreto y sorprender al ingeniero Clifton.