El tio Robinson

El tio Robinson

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Por fin, los trabajos dentro de la gruta cesaron. La gran preocupación del señor Clifton era explorar la costa y saber si el destino lo había arrojado a una isla o a un continente. Se decidió, en consecuencia, que el 31 de mayo harían una expedición hacia el interior con el doble objetivo de reconocer la configuración de la comarca y de examinar sus riquezas naturales. Al respecto, el tío Robinson tuvo una excelente idea.

—Queremos ir al interior de estas tierras —dijo.

—¡Pues bien! ¿Por qué no aprovechamos los cursos de agua que la naturaleza ha puesto a nuestra disposición? Remontemos el río en bote; naveguemos hasta que deje de ser navegable, y cuando ya no nos pueda llevar, desembarquemos. Pero al menos el bote estará siempre a disposición nuestra para el regreso.

El plan fue adoptado. Quedaba una cuestión importante a resolver. ¿Quiénes formarían parte de la expedición? Dejar a la señora Clifton sola en la gruta intranquilizaba a su marido y, sin embargo, esta valerosa mujer habría aceptado pasar allí una noche o dos, sola con su hijita. Marc se dio cuenta de que su presencia junto a su madre obviaría todas las dificultades, y ofreció generosamente quedarse en la gruta. Pero se veía que este sacrificio le costaba.


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