El tio Robinson
El tio Robinson Hicieron por consiguiente una buena provisión de esa tierra moldeable, que vino a reemplazar en el bote el lastre de guijarros. El tío, al regresar a la gruta, sin pérdida de tiempo tenía que poner manos a la obra y fabricar ollas, platones, platos, para gran satisfacción del ama de casa.
Volvieron a embarcarse en el bote que, por la impulsión de los remos, siguió remontando tranquilamente el curso del río. Éste se volvía sinuoso; su lecho se estrechaba manifiestamente. Al parecer su fuente no debía estar muy alejada; también su profundidad disminuía y el tío, al sondear, advirtió que la embarcación no tenía más de dos o tres pies de agua bajo su quilla. Clifton estimaba que en ese momento habían hecho cerca de dos leguas desde el lugar en el que el curso superior desembocaba en el lago.
El valle estrecho que los exploradores atravesaban ahora era menos boscoso. En lugar de formar un bosque espeso, los árboles se desparramaban por grupos. Grandes rocas con crestas agudas se levantaban sobre las orillas. La naturaleza del suelo, su aspecto, su configuración, se modificaban notablemente. Éstos eran los primeros movimientos del sistema orográfico cuyo pico central era el punto culminante.