El tio Robinson
El tio Robinson Eran entonces las tres. Siguieron subiendo en ese suelo montañoso. Si los animales feroces abundaban en la región, al menos hasta ese momento sólo se veían sus huellas, y nadie se atrevía a quejarse por ello. En cuanto a la caza, no faltaba, y Fido los llevó a capturar varias piezas importantes pero difíciles de identificar. Mientras, las flechas de Marc y de Robert derribaron un par de gallináceas de la familia de los faisanes. Pero no eran para nada faisanes comunes. Éstos tenían un apéndice carnoso que le colgaba de la garganta y dos cuernos delgados y cilíndricos detrás de los ojos. Estas hermosas aves tenían el tamaño de un gallo; la hembra era de color pardo, pero el macho resplandecía por su plumaje, de un rojo deslumbrante sembrado de pequeñas lágrimas blancas. El señor Clifton nombró a estas gallináceas por su verdadero nombre, tragopanes. La señora Clifton se lamentó de que no hubieran sido capturadas vivas. Esos faisanes habrían sido un adorno para su corral, pero había que aceptar las cosas como eran y conformarse con asarlas en el próximo alto.