El tio Robinson
El tio Robinson A las seis de la tarde, la pequeña tropa habÃa llegado hasta el limite de los árboles. Decidieron detenerse, preparar allà la comida y acampar por la noche. Ya no se trataba de encontrar un lugar favorable para el campamento, y cada cual fue invitado a buscar el refugio que le conviniera. Marc y Robert fueron por un lado, Clifton y el tÃo por el otro. La señora Clifton, Jack y Belle se recogieron bajo la copa de un gran pino.
Marc y Robert acababan de irse hacÃa unos minutos apenas, cuando su madre los vio regresar precipitadamente. En sus caras se veÃa que estaban asustados. La señora Clifton fue hacia ellos.
—¿Qué pasa, mis hijos? —preguntó.
—Una humareda —respondió Robert—, hemos visto una humareda que subÃa por entre las rocas.
—¡Ah! —exclamó la señora Clifton—. ¡Hombres en este lugar! Luego, los atrajo hacia ella y les dijo: —Pero ¿qué clase de hombres? ¿Salvajes, canÃbales?
Los jóvenes la miraron sin responderle. En ese momento el tÃo y el ingeniero reaparecieron. Marc les contó lo que habÃa pasado. Toda la familia permaneció en silencio durante unos instantes.