El tio Robinson
El tio Robinson Por fin, después de una hora de marcha muy dura en medio de escombros que la hacían muy peligrosa, el tío, el padre y sus dos hijos llegaron a la base del pico propiamente dicho. Era una meseta irregular y estrecha pero bastante practicable. Situada a novecientos o mil metros por sobre el nivel del mar, se elevaba gradualmente hacia el norte a causa de una curva oblicua. El pico la rebasaba unos setecientos u ochocientos metros y esta gran placa de nieve resplandecía bajo los rayos del sol.
A pesar del cansancio, no hubo un instante de reposo para los escaladores. Tenían prisa de dar vuelta a la montaña. Su mirada ganaba cada vez más hacia el norte; las tierras que cerraban al este la bahía septentrional parecían ser más bajas.
Después de una hora de marcha, rodearon la parte norte del pico. Más allá no se extendía ningún territorio. Pero el padre, el tío y los jóvenes seguían avanzando; hablaban poco, presas todos de la misma emoción. Marc y Robert, infatigables, iban adelante. Por fin, cerca de las once, la posición del sol indicó a Clifton que habían alcanzado la costa opuesta.