El tio Robinson

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El tío ató las alas del animal, que quería llevar vivo al gallinero, y los viajeros continuaron la excursión, torciendo un poco hacia el Este, a fin de recuperar el curso del río. Los hongos del género políporo y las morillas que pueden reemplazar a la yesca brillaban por su ausencia. Pero felizmente apareció una planta que podía servir para ese uso. Pertenecía a esa innumerable familia de las compuestas. Era la artemisa, o artemisa común que cuenta entre sus principales especies al ajenjo, el toronjil, el estragón, el ajenjo alpino, etcétera. Ésta era la artemisa china o artemisa omoxa, estaba recubierta de un vello algodonoso y era frecuentemente utilizada por los médicos en el Imperio Celeste.

Clifton se acordaba bien de que las hojas y tallos de esta planta revestida de pelos largos y sedosos se encendían en contacto con una chispa cuando estaban muy secos.

—¡Por fin, he aquí nuestra yesca! —exclamó Clifton.

—¡Bueno! —respondió con alegría el tío—, no hemos perdido nuestro día. No veo qué otra cosa mejor podría habernos concedido la Providencia, no en verdad, no la veo, pero no la tentemos, y ya vámonos.


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