El tio Robinson
El tio Robinson Pero si bien no escaseaba el combustible, los medios de transportarlo sà faltaban. Toda la carga que un hombre vigoroso como Flip podÃa soportar no habrÃa sido suficiente para el consumo de la noche. Mientras tanto, habÃa que darse prisa. El sol habÃa desaparecido hacia el oeste detrás de unas grandes nubes rojas. Los vapores, menos hostigados por el viento, se condensaban y la lluvia empezaba a caer. Pero Flip no querÃa regresar sin una provisión suficiente de leña.
—Debe haber un modo de transportar esta carga —se decÃa—. ¡Siempre hay una manera de hacer las cosas! Sólo se necesita encontrarla. ¡Ay! ¡Si tuviera una carretilla no estarÃa en estos apuros! ¿Qué podrÃa reemplazar a una carretilla? ¿Un barco? ¡Pero yo no tengo un barco!
Flip seguÃa reflexionando asà mientras recogÃa su leña:
—No tengo barco, continuó, pero tengo el rÃo —continuó—, ¡y el rÃo marcha solo! ¡Y si las armadÃas[21] han sido inventadas es para que uno se sirva de ellas!