El tio Robinson
El tio Robinson Marc había tomado la marinera y la daba vuelta en todos los sentidos. Registraba los bolsillos de adentro y de afuera. De pronto, se le escapó un grito.
—¡Un fósforo! —exclamó.
—¡Ah! ¡Uno, uno solo y estamos salvados! —gritó el marino.
Flip recuperó la marinera y, en efecto, como Marc, sintió un pedacito de madera metido en el forro. Sus grandes manos temblaban y sostenían ese pedacito de madera a través de la tela, sin poder sacarlo. La señora Clifton había vuelto y se acercó a él:
—¡Déjeme a mí! —le dijo.
Luego, tomando la marinera, retiró el pedacito de madera.
—¡Un fósforo! —gritó Flip—. ¡Es un fósforo, con azufre y fósforo! ¡Ah! ¡Tener uno es como tener todo un cargamento!
El buen marino saltaba de alegría, abrazaba a los niños, ocultando las lágrimas que derramaban sus ojos.
—¡Bien! Tenemos un fósforo, está bien, pero hay que usarlo con precaución, y pensar dos veces antes de usarlo —razonó.
Flip limpió cuidadosamente su único fósforo y se aseguró de que estuviera bien seco. Una vez hecho esto:
—Necesitamos papel —dijo.