El tio Robinson
El tio Robinson Frente a ese fuego claro y chisporroteante, los niños no pudieron contener un hurra de placer. Belle y Jack acercaron sus manitas ateridas a las llamas. Con ese hogar se sentÃan salvados. El presente a esa edad lo es todo. Ni el pasado ni el futuro podÃan preocuparles.
Hay que decir que ese hogar encendido significaba en gran medida la salvación de la familia abandonada. Sin fuego, ¿qué habrÃa sido de ellos? Flip, el animoso Flip, asà lo habÃa entendido con la emoción que sentÃa al encender su último fósforo. Pero no habÃa que dejar que se apagara ese fuego; habÃa que conservar siempre al rescoldo una brasa para volver a encenderlo. Esto no era, sin embargo, sólo un problema de cuidado y de atención. En ese momento la reserva de leña bastaba y Flip se prometió renovarla a su debido tiempo.
—Ahora, vamos a cenar —dijo.
—¡SÃ! ¡Cenemos! —exclamó Jack.
—¡Galleta y carne no nos faltan! Empecemos por vivir de lo que tenemos. Más tarde encontraremos lo que nos falta.
Flip fue a buscar al bote su pequeña reserva de vÃveres. La señora Clifton lo acompañó.
—¿Y después, Flip? —dijo ella mostrándole la bolsa de galletas y la provisión de carne salada.
—Después veremos, señora —respondió Flip.