El tio Robinson
El tio Robinson —Esta costa que desde lejos parecÃa árida, es, por el contrario, una tierra fértil. Pude comprobarlo durante mi paseo por el bosque; creo que podrá alimentar a nuestra pequeña colonia.
—SÃ, amigo Flip; pero abandonados, sin armas, sin herramientas…
—Armas haremos, en cuanto a las herramientas… ¿No tengo acaso mi cuchillo? Mire: es un buen cuchillo de hoja ancla. ¡Con semejante instrumento, un hombre no está nunca en aprietos!
Al pronunciar estas palabras Flip tenÃa un tono tan convencido, hablaba con tanta seguridad y lo animaba tal confianza en el futuro, que la desdichada señora Clifton recobró la esperanza.
—SÃ, señora —insistÃa el marino regresando al fuego que brillaba al pie del acantilado—. ¡Sabe usted que con un cuchillo, con un simple cuchillo, se puede construir una casa de madera o un navÃo! SÃ, ¡un navÃo de cien toneladas! Yo me encargaré de hacerlo desde la quilla hasta la punta de los mástiles. Con tiempo, por supuesto.
—Le creo, mi buen Flip —respondió la señora Clifton—, pero ¿cómo hacemos con la olla y la pava que nos faltan? ¿Cómo haremos para prepararle a los niños algo caliente que los reconforte?