El tio Robinson
El tio Robinson Flip conocÃa bien esas señales y pensaba en esa madre, en esos niños, transidos por la lluvia y el frÃo. El viento se habÃa desplazado un poco hacia el oeste y la hendidura en el acantilado no alcanzarÃa para proteger el lugar del campamento. La situación serÃa entonces insostenible.
El noble marino, muy desasosegado, regresó cerca de la familia Clifton. Los hijos terminaban su comida, la madre ya habÃa instalado a Jack y a Belle en un lecho de arena al pie de la muralla; pero no podÃa impedir que el viento y la lluvia llegaran hasta ellos. Sus ojos se volvÃan hacia Flip y lo interrogaban tan directamente que el honesto marino no podÃa confundirse con ello.
Marc comprendÃa los temores de su madre. Los nubarrones estaban bajos y él podÃa estirar la mano para sentir si aumentaba la lluvia. En ese momento, tuvo una idea, y se fue derecho hacia donde estaba Flip.
—Flip —dijo—. Señor Marc. —¡Bueno! ¡El bote!
—¡El bote! —gritó el marino.
—¡El bote dado vuelta! ¡Es un techo! ¡La casa vendrá más tarde! ¡Vengan, mis queridos señores, vengan!
Marc, Robert, la señora Clifton y Flip corrieron hacia el bote. Flip celebraba el ingenio de Marc. ¡Digno hijo de un ingeniero! ¡El bote dado vuelta! ¡Con toda su experiencia Flip no habrÃa tenido esa idea!