El tio Robinson
El tio Robinson Ahora habÃa que llevar el bote hasta el pie del acantilado y ponerlo contra la muralla. Felizmente era una embarcación ligera, construida con madera de abeto, que no medÃa más de doce pies de largo y cuatro de ancho. Juntando sus esfuerzos, Flip, los dos muchachos y la señora Clifton podÃan arrastrarlo por la arena hasta el campamento. Flip, muy vigoroso, se afianzó sobre sus piernas, y empujando con la espalda como hacen los pescadores, dio el primer impulso al bote que, en pocos instantes, llegó a su destino.
A cada lado de la hendidura de la roca, Flip armó con unas piedras grandes unas bases de dos pies de alto, destinadas a soportar los extremos de la embarcación. Una vez hecho esto, el bote fue dado vuelta y la quilla quedó hacia arriba. Jack y Belle ya se querÃan meter debajo, cuando Flip los detuvo.
—Un momento —alertó—. ¿Qué ha caÃdo allÃ, sobre la arena?
En efecto, mientras procedÃan a dar vuelta el bote, un objeto habÃa rodado en la tierra produciendo un ruido metálico. Flip se agachó en el acto y recogió el objeto en cuestión.
—¡Bueno! —exclamó—. Ahora somos ricos.