El tio Robinson

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Era un viejo hervidor de hierro, ese utensilio tan caro a los marineros norteamericanos o ingleses. Estaba abollado, como pudo observar Flip al arrimarlo a la luz de la llama, pero tendría una capacidad para entre cinco y seis pintas[22] de líquido. Ese utensilio era de un valor inestimable para la familia Clifton.

—¡Vamos bien! ¡Vamos bien! —repetía entusiasmado maese Flip—. ¡Un cuchillo, un hervidor!: henos aquí bien provistos. ¡Las cocinas de la Casa Blanca no están mejor montadas que la nuestra!

El bote dado vuelta fue acercado a las bases de piedra. Apoyaron la proa en la de la derecha, pero era muy difícil levantar la popa sin gato ni aparejo.

—¡Bah! ¡Señores míos! —dijo a los muchachos que lo ayudaban—, cuando uno no es fuerte tiene que ser listo.

Poco a poco, deslizando unos guijarros chatos como monedas unos sobre otros, consiguió levantar la popa a la altura de la proa y apoyar la regala de la izquierda contra el acantilado. Para que ese refugio improvisado estuviera más protegido de la lluvia, Flip extendió la vela sobre el bote para que cubriera sus flancos y colgara hasta el suelo. El todo constituía una especie de carpa, con un techo sólido, capaz de desafiar las ráfagas más violentas.


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