El Volcán de oro
El Volcán de oro Si Summy Skim no tenía ya que preocuparse de los dos tejanos, no le sucedió lo mismo con las dos religiosas que habían desembarcado del Foot-ball. Ben Raddle y él mismo no habían podido pensar sin emoción, sin compasión, en los peligros y en las fatigas a las que estarían expuestas aquellas dos santas mujeres. ¿Y qué apoyo o qué socorro podrían encontrar, si lo necesitaban, en medio de aquella turba de emigrantes en quienes la envidia, la avidez, la pasión por el oro apagaban cualquier sentimiento de justicia y de honor? Ellas se habían puesto en camino sin dudarlo ni un instante, para tomar la larga ruta de Klondike, sembrada de cientos de cadáveres, y no retrocedían ante los peligros a los que el hombre más resuelto habría evitado enfrentarse.
A la mañana siguiente, Summy Skim y Ben Raddle tuvieron ocasión de encontrarse con aquellas hermanas de la Misericordia, mientras hacían las gestiones para sumarse a una caravana cuyos preparativos de salida estarían concluidos en algunos días. Aquella caravana sólo estaba compuesta de gentes miserables, incultas y groseras, ¡y ésa sería la compañía de las dos religiosas durante todo el recorrido de […] kilómetros que separa Scagway de Dawson City a través de la región de los lagos!