El Volcán de oro
El Volcán de oro En cuanto las vieron, los dos primos se dirigieron hacia ellas con la esperanza de poder serles útiles. HabÃan pasado la noche en una pequeña casa de religiosas de Scagway.
Summy Skim, pues, se acercó y, muy respetuosamente, les preguntó si después de las fatigas de la travesÃa no habÃan pensado en tomarse algún reposo.
—No podemos —respondió sor Marta, la de más edad.
—¿Van ustedes a Klondike? —preguntó Summy Skim.
—SÃ, señor —respondió sor Marta—. En Dawson City hay muchos enfermos. La superiora del hospital nos espera, y desgraciadamente aún estamos lejos.
—¿De dónde vienen? —preguntó Ben Raddle.
—De Quebec —respondió sor Madeleine, la más joven.
—¿Supongo que regresarán allà cuando sus servicios ya no sean necesarios?
—Lo ignoramos, señor —respondió sor Marta—. Nos hemos ido porque nuestra superiora nos lo ha ordenado, y regresaremos cuando Dios quiera.