El Volcán de oro
El Volcán de oro —SÃ, lo más fuerte de la fatiga ya ha pasado, pero no el tiempo, porque todavÃa nos quedan varios centenares de leguas por recorrer antes de llegar a Klondike.
—Ya lo sé, mi querido Bill —respondió Summy Skim—, pero tengo razones para pensar que esta segunda parte del viaje se efectuará sin peligro ni fatigas.
—Y en eso usted se equivoca, monsieur Skim —respondió el Explorador.
—Sin embargo, basta con dejarse llevar por la corriente de los lagos, los torrentes y los rÃos.
—Sin duda alguna, pero aún estamos lejos de que el invierno haya terminado. Cuando se produzca el deshielo nuestro barco estará muy expuesto a los témpanos que van a la deriva, y en más de una ocasión nos veremos obligados a efectuar transportes penosos.
—Decididamente todavÃa queda mucho por hacer para que el turismo pueda viajar confortablemente por estos territorios del Dominio —replicó Summy Skim—. Incluso pienso que eso nunca llegará.